“¿Te Hablo De Mi Madre, Señor?”
Desde Antes De Ver La
Vida
Ya La Orfandad Fue Su
Regalo,
Creció Sobre Esa Gran
Herida,
De Su Madre Haber Soñado.
Creció Seña Como
Hermosa Espiga,
Del Cielo Tu Belleza Le
Diste,
Era Dulce, Buena, Amiga,
Ilusionada Y A veces
Triste.
Siempre Sembrada De
Amor,
Blanco Del Engaño Y De
El Dolor,
Y Su Alma Virgen Como
Fresca Brisa.
Yo Le Conocí A Su
Pecho Prendida,
Cuando Tuve Ojos Por
Los Suyos Mire,
Fui Un Pedazo Hijo De
Su Vida,
Ella Mi Alimento Y Mi
Por Que.
Cuando Mi Piel De
Infante
Comenzaba A Sentir
Fueron Sus Besos
Amantes
Lo Primero Que Aprendí.
¡Oh Señor, Cuanto
Cariño
! Noches De Insomnio,
De Llanto,
Porque Dolía También
Lo Herido
De Muchos Ajenos
Quebrantos.
Yo No Fui La Dulce Rosa
Que De Mí Ella Añoraba,
Fue Tan Tierna Y
Amorosa
Que A veces Cruel Yo Le
Ignoraba.
Recuerdo Señor Verle
Llorando
Una Que Otra Tarde Sin
Vida
Gruesas Lagrimas De
Quebranto
Por El Gotear De Viejas
Heridas.
¿Te Hablo De Mi Madre,
Señor?
Ella No Esta, Se Ha Ido,
Mas Que Triste No Es
Contigo Su Calor,
Y Recordar Que Tanto Ha
Sufrido.
Mas Tú Mi Dios Eres Mi
Amigo,
Eres Soberano Y
Valiente,
Por Eso Hoy Yo Te Pido
Que Le Acaricies Su
Frente.
Dile Cuanto La Quiero
Todavía
Que No Muy Tarde Le
Volveré A Ver
Sana Señor Sus Heridas
Y De Paz Divina Llena
Su Ser.