“Yo la he matado”
Yo la he matado con mi ausencia, regalé sus besos de ternura, simplemente
no reconocí su amor; mas ahora nadie tomará su lugar.
Gritar sería poco a este llanto que lleva hasta el sepulcro donde veo aun
su cuerpo bello, pero muerto por mi frivolidad.
Madre, te comparé con materia, no te veía, tu amor, tus besos, que me
quemaban, yo era ciega. Pues si te hubiese amado no hubiese yo escapado de ti.
Me he querido engañar por tiempos, he querido justificar mi traición, mas veo
que no puedo esconderme, pues de aquí veo la llaga que deje.
Mas ¡Oh madre de sueños!
No culpas, aun no puedes comprender mi mentira aun no quieres reconocer mi
pecado, y me amas, ahora más pues me extrañas.
A
veces pienso, ¿que sentiría al
dejar crecer dentro de mi entraña un pedazo de deseos, de amor? y pensar, madre
mía que eso soy, mi vida otro pedazo de la tuya que hoy muere en la distancia.
No entiendo ¿como pude ser
tan cruel, me aborrezco a mi misma,
como, mi reina, cambiarte por algo, como mi
progenitora,
huir de tu amor? ¿Cómo no
haberte amado mas y más? Ahora
puedo entender un poco tu dolor. El
que sintió al verme partir, por ultima vez, aquella tarde.
No sabias a dónde yo iba, mas siempre me quisiste en buena voluntad.
Solo sabias que era un deseo mío, algo que yo te había pedido. Perdón, pero yo no lo entendía.
No entendía que yo te estaba matando.
Nunca pensé que fuera la ultima vez aquella para las dos.
¿Crees que si lo hubiera sabido hubiera yo matado así?.
Sé que es tarde, reina mía para besarte de nuevo, para quererte todavía,
ahora entiendo un poco mas, ahora empiezo a reconocerte.
Y mientras lo hago el mismo puñal con que té mate, sientole llevarse mi
alma, siento como rompe mis entrañas, como va matándome la vida.
¿Que crees que ha quedado? ¿Por aquello que cometía tu crimen?
¡Nada, madre mía, nada!!! Soledad,
madre bella, soledad. Contigo murió
el amor de hermano, contigo se escaparon los "te quieros."
En ti mate las miradas de amor, en ti sepulté mi socorro.
Es en vano que ahora como loca vista
a otros seres con tu ropa, que les imagine en ti madre.
Mi refugio fuerte. Aquella a quien contabale mi vida, la que en las noches de
invierno cubría mis pies, mi corazón. La
que me esperaba con ilusión. Al
llegar a cansada, aun de lejos me alcanzaba su amor.
¿Cuantas
veces no mirabas a ver si era yo quien venia, y si era otro gemías de
dolor?.
Allá gritabas de alegría cuando llegaba yo a lo lejos, ¡viene el fruto
de mi amor!
¡ viene la semilla encarnada!
¡otra vez mi hermosa ilusión!
Entonces con una sonrisa dibujada en tu regazo maternal corriendo a toda
prisa veía yo de lejos la cruz de pus brazos de esperanza.
Madre mía, madre buena, ¿cuantas veces ignoré el calor de aquellos
abrazos, el valor de aquel cariño que ahora ya yo mate?.
¿Quién pudiera escucharme hoy? ¿Quién
se detuviera a darme de ti? He de
sufrir mi pecado ahora, pero pensar que soy lagrimas en tu dulce corazón, en ti.
Eso me horroriza, madre bella, pensar que por mí lloras, que por mí aun
te desvelas. Si estando yo a tu lado Dios te hubiese llamado, ahora estuviese yo
mas calmada, pues por mi culpa no sufrirías, por mi crueldad no morirías. Pero
pensar que fueron mis manos las que empuñaron el acero.
Y como él más cruel asesino, mate tu alegría, con mi ausencia.
Perdóname, yo sé que lo has hecho, mas ahora enséñame como he de
perdonarme a mi misma, pues no puedo recordarme de toda mi amargura y mi dolor
que hay una esperanza floreciente y es que en el cielo he de verte de nuevo madre de
amor. Y para que me beses como tú
lo hacías, sabes que nadie lo llegará a hacer.
Mas el Señor mi Dios lo ha logrado, el ha ocupado tu lugar y lo ocupa.
Él me ha perdonado, Él es quien me abriga por la noche el alma, los
pies ya aprendí yo a cubrirlos.
Pero entiendo ahora madre buena,
Si
no hubiese yo escapado a este desierto solo con arena y sol, sin oasis, jamás
hubiese aprendido que mi Dios puede ocupar todos los espacios.
No te sientas celosa, él me ama tanto como tu, y ahora tu allí y yo aquí,
a trabajar por el maestro, a gozarnos con su gozo, a amar con su amor, a contar
de sus riquezas, y verás que así la vida va pasando bellamente, dulcemente,